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miércoles, 5 de agosto de 2009

GUÍA

Relaciones entre Indígenas y Españoles en el Contexto de La Conquista de

El trabajo

Las relaciones que se originaron entre indígenas y españoles en el contexto de la conquista de América fueron determinadas, en primer lugar por los intereses y necesidades de los europeos.

Los pueblos originarios fueron obligados a trabajar para los conquistadores . Se implementó una estructura laboral o de trabajo que se basó en las siguientes instituciones:

Mercedes de tierra. Después de la conquista, las tierras se transformaron en propiedad de la corona española.
El rey u otra alta autoridad, como el virrey o el gobernador, podía conceder el usufructo de ellas a una persona.
Esta concesión se otorgaba como un reconocimiento al buen servicio o lealtad de un particular con la corona española, el que accedía, de este modo, a la condición de benemérito.
Este sistema de reparto arbitrario aún es cuestionado por los pueblos originarios; en nuestro país, especialmente por el pueblo mapuche.

Encomienda de indios. El rey o uno de sus funcionarios, en su nombre, entregaba o encomendaba a un número variable de indígenas a un español.
En virtud de este sistema, el rey traspasaba el tributo que los indígenas le debían pagar, por ser súbditos españoles, a un peninsular que lo cobraba bajo la forma de servicio personal.
Esta encomienda o encargo generaba la obligación, por parte del encomendero, de cristianizar y alimentar a los indígenas y obligaba a estos últimos a trabajar para él.
La mayoría de las veces, los encomenderos no respetaron sus obligaciones, cometiendo abusos y arbitrariedades que son causa importante de la reducción de la población indígena en el período.



La mita. Esta institución constituía una modalidad alternativa del trabajo impuesto a los indígenas.
Nació como una adaptación del sistema utilizado por la civilización Inca, y a él se adscribía a los indígenas que no formaban parte de una encomienda.
Consistió en el trabajo obligatorio, en carácter de tributo, de una cantidad determinada de hombres de una comunidad por un período de tiempo dado.
De acuerdo a las necesidades de la autoridad, la mita podía cumplirse en minería, agricultura, ganadería o servicio doméstico.

La esclavitud. Los esclavos negros fueron una importante fuerza de trabajo en la mayoría de las colonias; no así en Chile, dado el bajo número de esclavos de etnias africanas que fue traído al país.
En cambio, la esclavitud indígena sí fue significativa. La mayor parte de los esclavos era de origen mapuche. En el siglo XVII, la corona decretó la esclavitud para los indios de guerra, lo que significó un intenso tráfico y venta de naturales que adquirieron tal condición.

Entre los esfuerzos desplegados para mejorar la situación laboral de los pueblos originarios, se encuentran las tasas, que contenían normas orientadas a regular el trabajo y el servicio personal de los indígenas. Estas tomaron el nombre de quienes las redactaron, es por ello que se las conoce como tasa de Esquilache, tasa de Laso de la Vega, tasa de Gamboa, etc. Entre las medidas contempladas, se cuentan las que exceptuaban del trabajo, a mujeres indígenas viudas, a niños menores de 18 años o a los mayores de 50 años; las que intentaron terminar con el servicio personal de los indígenas y aquellas que propusieron asignar a este último, un valor monetario, que podía saldarse mediante especies, dinero o trabajo.

Muy importante fue, en el siglo XVI, la tasa del Licenciado Hernando de Santillán, quien acompañó a García Hurtado de Mendoza, cuando este sucedió a Valdivia en la Gobernación. Dicha tasa dispuso el sesmo de oro, vale decir, la obligación de dar al indígena el sexto del oro extraído; las mitas o turnos de trabajo, a fin de evitar abusos, y las edades límites de 18 y 50 años para el trabajo. También el gobernador Martín Ruiz de Gamboa intentó, en 1580, aplicar una tasa de tributos que se deduciría de un trabajo de libre contratación; con ello se aspiraba a terminar con el servicio personal obligatorio. Sin embargo, estas medidas fueron rechazadas y la Tasa de Gamboa sólo duró lo que el breve interinato de su gestor en la Gobernación de Chile.

No obstante el mérito de sus propósitos, ninguna de las tasas resolvió las difíciles condiciones que debieron soportar los indígenas. En efecto, la realidad fue muy distinta de las intenciones declaradas en las leyes. En Chile, por ejemplo, el problema que debió enfrentar la corona fue la reducción de la población indígena, que llevó finalmente al término del sistema de encomiendas en 1789, dos años después, en 1791, la Corona determinó su abolición. Los indígenas fueron reunidos en los llamados pueblos de indios y podían ser contratados para realizar trabajos.

Relaciones militares y comerciales

En el caso de la Capitanía General de Chile, la relación entre españoles y mapuches fue determinada por la guerra.
La llamada guerra de Arauco dio origen a relaciones militares y comerciales, denominadas relaciones fronterizas por tener lugar en la frontera , área geográfica que delimitó los territorios español y mapuche.

Las relaciones militares se desarrollaron en el contexto de la guerra y contemplaron tanto la agresión mutua como la negociación.


Constituyen ejemplos de esta accidentada relación, las malocas: ataques españoles para obtener esclavos mapuches y los malones: ataques sorpresivos de los mapuches a territorio español para obtener animales y mujeres.

Estas prácticas que cobran gran cantidad de vidas humanas, sobre todo en el mundo indígena, se ven mitigadas por los parlamentos: reuniones entre gobernadores y caciques mapuches para llegar a ciertos acuerdos y negociar la paz, al menos por un tiempo.
El intercambio comercial entre ambos pueblos se desarrolló a pesar de la violencia y el estado de guerra. Unos y otros intercambiaban especies según sus requerimientos: Vino, artículos de hierro, ponchos, animales, etc. Este tipo de relación se intensificó con el paso de los años.

Fases de la guerra

En el siglo XVI, la Guerra de Arauco se inaugura con la llegada de los españoles al sur del Itata. Reinohuelén, ya nombrado, es un adelanto en tiempos de Almagro, pero fue el gobernador Valdivia quien se transforma en el primer protagonista español del conflicto; él mismo fallece en Tucapel. García Hurtado de Mendoza logra importantes avances y sus sucesores, algunos compañeros de Valdivia de los primeros tiempos y otros especialmente entrenados en los asuntos militares, tuvieron que enfrentar las dificultades de la guerra que, a medida que transcurre el siglo, se hace cada vez más intensa. El triunfo indígena de Curalaba, en 1598, ocasión en que se da muerte al Gobernador Martín García Óñez de Loyola y a casi todos quienes le acompañaban, marcará profundamente el curso de la Guerra en el siglo XVII.


En efecto, en los primeros años del nuevo siglo, Alonso de Ribera inaugura una nueva estrategia de guerra: Avanzar sólo si se tienen posiciones seguras. Junto con ello, crea el ejército profesional y se trae el Real Situado para financiarlo. Al mismo tiempo, el padre jesuita Luis de Valdivia consigue que se apruebe la Guerra Defensiva, que obligaba a los españoles a respetar la línea del Biobío, la que solo podía ser cruzada por sacerdotes en misión de evangelización. Por otra parte, el rey autoriza, en 1608, que los indígenas de guerra sean esclavizados. Esta diversidad de dispo0siciones que se encuentran en juego, en las relaciones con los naturales, no podía durar mucho. En definitiva, la guerra defensiva fracasa y a partir de ese momento, la guerra ofensiva se vuelve particularmente cruenta.


Las malocas se hacen frecuentes, agravadas por el decreto que autoriza la esclavitud. Los indígenas respondían con malones provocando pérdida de vidas y bienes. Se intentó aquietar la situación, mediante el sistema de parlamentos instaurado en 1641, pero ello no fue suficiente. En la rebelión de 1655, quedaron en evidencia los errores cometidos por las autoridades, tanto en la administración, como en la forma de manejar el conflicto. El problema derivó, incluso, en una manifestación de la soberanía social, cuando el Cabildo sacó del cargo al gobernador de la época, el corrupto Antonio de Acuña y Cabrera. En la segunda mitad del siglo, se hacen importantes esfuerzos para atenuar el conflicto. La derogación, en 1683, del decreto que autorizó la esclavitud de los indígenas, se inserta en este proceso.

En el siglo XVIII, la nueva política de los borbones, reformista y práctica; la llegada de nuevos contingentes europeos –de origen vasco- más preocupados por el del desarrollo de la economía; el reemplazo de las mano de obra indígena por la mestiza y la figura del inquilinaje, que reemplaza la forma de organización de trabajo propia de la encomienda (institución que será abolida en 1791), unidos al sistema de Parlamentos harán declinar de tal modo el conflicto bélico, que se da paso a relaciones más comerciales y de entendimiento, que harán de la Guerra de Arauco algo muy distinto a los siglos anteriores. La firma del Parlamento de Negrete en 1793, cuando gobernaba Ambrosio O’higgins, es una muestra más de que el conflicto de Arauco estaba en franco retroceso.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Interesante...

Gonzalo Vera

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